Hoy salí de la oficina pasadas las 19, puse un pie fuera del edificio y de pronto sentí frío, sonreí pensando ¡qué rico! y luego llegaste tú sin invitación a esta fiesta en mi cabeza, pero no te dejé entrar, este otoño me pertenece sólo a mí, tú ya no eres bienvenido.
Subí al auto, pero no lo encendí, la nostalgia iba de copiloto, esperé a ver si entendía que no iba por sus rumbos, no le podía dar aventón, mas ella insistió en acompañarme platicando durante el camino. Conecté el ipod, creyendo callar a mi compañera, pero no fue posible, siguió contando la misma historia de agosto del 2007, yo ya estoy harta de esa, prefiero cuentos y dramas recientes, de nuevo me ganó la batalla, no tenía ganas de luchar y la dejé.
Vi en el retrovisor las luces de los carros prendidas, el otoño está aquí, murmuré, me estacioné y le dije a mi acompañante, espérame aquí no tardo, abrí la puerta sintiendo nuevamente aire fresco sobre mi cara, cerré, volví enseguida y le dije: Tardaré más de la cuenta, será mejor que nos veamos otro día, me alejé y sonreí.

