Mostrando entradas con la etiqueta Murakami. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Murakami. Mostrar todas las entradas

domingo, 23 de febrero de 2014

Digan lo que digan

Zacatecas - Vetagrande

Mientras corro, tal vez piense en los ríos. Tal vez piense en las nubes. Pero, en sustancia, no pienso en nada. Simplemente sigo corriendo en medio de ese silencio que añoraba, en medio de ese coqueto y artesanal vacío. Es realmente estupendo. Digan lo que digan.- Murakami

¿Ustedes en qué piensan? Yo, en ir a las Olimpiadas, en convertirme en la primer mujer que recorra la Baja corriendo, en mis pies y las ampollas que aparecen cada que atraviesa la barrera de los 15k. En el viento a favor, mis días en el equipo de atletismo, veo mis piernas, las siento, y una vez más los pies, luego el corazón, a menudo siento a mi papá a lo lejos, escucho sus pasos, su voz, su particular silbido y cuando cierro, ahí está con su 1, 2 y la mano extendida esperando un high five.



viernes, 31 de enero de 2014

El rival

Una más de Murakami y sus 2 cents acerca de la motivación de los corredores de larga distancia. Con esta cita de su libro De qué hablo cuando hablo de correr, le da una cachetada a los improvisados y alenta incluso a los que se encuentran con el runner's blue.





jueves, 30 de enero de 2014

Ritmo, gancho al hígado de la frustración

Leo por segunda ocasión De qué hablo cuando hablo de correr, de Murakami, por el puro gusto que esto implica. Apenas lo abro y me encuentro con párrafos que bien podría recitarme como mantras cada que salgo a hacer distancia.

Les comparto:

"Como estoy en un periodo en que lo que busco es aguantar y aumentar la distancia que recorro, por ahora los tiempos no me preocupan. Simplemente me lo tomo con calma y voy aumentando poco a poco la distancia que recorro. Cuando siento la necesidad de correr más rápido, simplemente incremento la velocidad. Pero, si aumento el ritmo, acorto el tiempo de carrera, así que procuro conservar y aplazar hasta el día siguiente las buenas sensaciones que experimenta mi cuerpo al correr".

¿Cuántas veces nos hemos desbocado al iniciar un proyecto? ¿Yo? muchas. Desde luego mi energía termina por disiparse y no encuentro la forma de terminar, dejo a medias y ¿qué sigue? La frustración.

La frustración, lo admito, me ha llevado lejos, estos últimos 3 años he ido de desempleada a conductora de televisión, atleta constante a novia-esposa, nieta que pierde a su abuelita, hija que le dice adiós a su padre, de Tijuana a Zacatecas y de regreso, a empleada de gobierno y de ahí a desempleada, sí, otra vez. A pensar ¿por qué me sigo frustrando? Falta estrategia, encontrar la forma de no perder el ritmo.


martes, 23 de noviembre de 2010

Las 16

Hoy me levanté a las 16, estaba no precisamente durmiendo, de esto me di cuenta al escuchar la voz de mi madre que me decía, ya levántate... yo no sabía ni qué hora era, sólo no quería salir de mi habitación, deseaba seguir soñando aunque fueran pesadillas las únicas compañeras. Al abrir los ojos un poco me percaté de la luz no matutina entrando por mi ventana, -ni modo, pensé, me voy a levantar y eso hice. Bajé las escaleras con peinado alternativo, pijama a media pompi, boca seca y mucha hambre, me dirigí a la cocina, frente a la estufa vi pollo en caldillo, pero recordé la sensación de pollo viejo en mi boca días atrás y opté por cocinar atún, sí otra vez, después de todo, pensé, sirve para la dieta y bajar un poco más de peso, cuando se es curvilínea como yo y con apetito voraz hay que aprovechar los momentos de fuerza de voluntad o las depresiones agudas para dejar de comer y ponerse en línea, pues hasta ahora no recuerdo haber bajado de peso estando inmensamente feliz.
Comí mientras veía la tele, en estos días ya ni eso me apetece, la apagué y agarré "Crónica del pájaro que da cuerda al mundo" de Murakami y leí hasta volverme uno con esas letras e historias completamente ajenas a mí, de repente me pareció que Tooru Okada y yo teníamos algo en común, el desempleo, luego encontré más coincidencias, ambos estábamos absortos en un mundo ajeno a la realidad, buscando respuestas, tanto Okada como yo nadábamos para pensar, ambos hacíamos cosas inexplicables, sin embargo mientras hojeaba me reconfortó saber que el "Sr. pájaro que da cuerda al mundo" estaba más metido en problemas que yo, el sí tenía razones para sentirse bien jodido, desgraciado, infeliz, aún con tanto en su haber se levantaba todos los días y se ocupadaba en algo. Cerré el libro y me fui a nadar.
No podía dejar de pensar en mi amigo Okada mientras trataba de no perder la cuenta de las vueltas en la alberca, decidí dar 30 sin parar, por primera vez lo logré, ni siquiera me emocioné como hubiera pasado en otra ocasión, subí a las regaderas, y decidí tomar a Reinaldo Arenas mientras dejaba actuar una mascarilla hidratante dentro del sauna. Ahí estaba yo otra vez, acompañada por hojas repletas de letras, buscando, pero con este cubano la cosa cambia, porque deseo ser como él, libre, erótico, cercano a la muerte, esto último me cautivó. Seguí leyendo, pero la primer gota de sudor empezó a correr por mi rostro y recordé que debía darme prisa porque me cerrarían la Comer y mi perro Ikki ya no tenía comida para mañana.

miércoles, 27 de octubre de 2010

El hechizo de Murakami

   Siempre he sido renuente con lo que leo, el gusto por la lectura me viene desde niña, en su momento todo cuento en la casa era rapidamende devorado por mí y releído infinidad de veces, pues no recuerdo haber obtenido muchos libros entonces, eso sí no podían faltar los clásicos de la literatura universal y la orden del dictador de pasar no sé cuánto tiempo frente a Oliver Twist, como me obligaban, ni leía, nunca me ha gustado la imposición y mi verdadero apodo es Contreras.
   Con el paso de los años atravesé una mala racha literaria, lo único repasado por mis ojos eran revistillas, nada que valga la pena mencionar. En secundaria sólo mierda dejada de tarea, la preparatoria me trajo una bonita biblioteca y me presentó a Gabriel García Márquez, con quien sostuve una larga relación amorosa, lo dejé por un tiempo al ingresar a la Universidad para salir con Quiroga, Vargas Llosa, echarme el cafecito con Ángeles Mastretta e Isabel Allende, eran tantos mis compromisos sociales que del Gabo ni me acordaba, además me fascinó la onda hispanoamericana, así que a duras penas acepté ir al cine un día con Thomas Mann, sí debo aceptar que es coquetón el tipo, pero no me encantó, de los asiáticos ni hablar.
   Pasó el tiempo y me mudé a Mexicali, donde en las noches solitarias y momentos tristes, tomaba el celular y le marcaba a uno de mis amigos escritores, quienes con sus letras me brindaban amor, compañía y consuelo, me había enamorado otra vez. Arrasé cual quinceañera con ejemplares de la narrativa hispanoamericana, cuan dichosa me sentí.
   Volví a Tijuana, dejé a mis amantes y los sustituí por televisión, cine y alcohol, quería olvidarlos, sólo obtuve olvidarme de mí. Pasados los meses tuve una epifanía, fui a una librería y recomencé la rehabilitación. Hace poco me sentí igual, fui a la biblioteca de mi actual trabajo, de mi primer amorío aquí no quiero hablar ni dar detalles...
   En mi segunda visita al despedirme de aquel amor, lo ví sentado, junto a otros, tranquilo, fornido, arrogante, peculiar, único, con finta de oriental, él también me vio, me sonrojé, ví que traía puesto, no me sentía apta para la ocasión, pero me armé de valor. Me lo presentaron esa mañana hace ya más de un mes, es japonés, fantástico, divino, hecho a la medida, me estoy enamorando, por ahora debo confesar que estoy bajo la influencia de un hechizo, el de Murakami, y con tanto que contarme, estoy segura que nuestro amorío durará por mucho tiempo, no hago otra cosa más que pensar en él, me acompaña cuando corro, al viajar, antes de dormir, me despierto acompañada y yo, simplemente feliz.
   Me voy, mi amado y yo, tenemos una cita, pronto les cuento cómo va.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...