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lunes, 19 de septiembre de 2016

Adiós querido Loki

Loki the Corgi


Cuando nos mudamos a la casa en Otay mis papás me compraban revistas cada que íbamos a la Comercial Mexicana a surtir el mandado de la semana, elegía una de perros, a veces dos, todo dependía cómo me hubiera ido en el bimestre, la regla era llevar el 10 o perder los pocos privilegios con los que contaba a los 14 años. Al llegar a mi habitación leía la revista de inicio a fin, recortaba los perros que más me gustaban como quien colecciona estampitas y llena su álbum, la pared de atrás de la puerta era mi orgullo, estaba completamente llena de perros, cuando por fin estaba a solas y echaba el seguro, me acostaba en la cama con la luz encendida y recitaba de memoria la familia a la que pertenecía cada can. Alguna vez reacomodé la cama y al darme cuenta que era difícil ver mi colección la regresaba a su sitio original.
     En mi habitación no hubo pósters de Flavio César, ni de Mercurio, mucho menos de esas bandas de las que hablaban los más durotes de tercero y que a veces hacía como que conocía para quedar bien con Erick, Jesús o Toño. En mis paredes siempre hubo perros, los torsos desnudos o las cabelleras de los chicos de las boy bands no me movían nada, esas calenturas que aquejaban a varios las tenía muy apaciguadas por miedo a que mis papás me regañaran, me salí del carril algunas veces pero muy a escondidas e incluso ahora me da miedo confesarlo, no vaya a ser que el Dr. Cervantes resucite y se vuelva a morir.
     Mi amor hacia los perros continúa, puedo pasar horas viendo videos de cachorros, de perros de cualquier raza porque como dice mi prima Jacqueline, no hay perro feo, yo a todos los quiero. Sigo a varios en facebook y agradezco que sus dueños compartan por aquí las gracias de sus compañeros, fue así que conocí a Loki, un corgi que aparecía en mi timeline y me ponía de buenas, este lunes nos dejó a sus seguidores con el corazón un poco apachurrado, se fue a otra dimensión en donde espero que conozca a mi perro Bethoven.

miércoles, 31 de agosto de 2016

A 5 años de aquel adiós

Me dijo un amigo que con los años uno ya no se entristece en el aniversario luctuoso del padre, que por el contrario te acuerdas de momentos que te hicieron pasarla bien, le contesté que ansiaba llegar a eso y a los 35, preguntó por qué, mi papá decía que a esa edad es cuando uno realmente empieza a madurar y a comprender mejor el mundo. Tal vez esto no aplique para todos, quiero llegar y comprobar cómo será para mí, por lo pronto me conformo con no olvidar que hace cinco años todos mis sentidos fueron puestos a prueba y aquí sigo, intentando honrar a mi padre y acordarme de los momentos que nos hicieron tan felices.
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Luego de varios días de llorar por mi perra que se había extraviado, llegó papá con un cachorrito de apenas 3 semanas, rescatado de una ranchería cercana a Apulco, le pusimos Bethoven, lo bañé y le hice una cama con algodón que tomé de la farmacia de mis papás sin permiso, no entiendo cómo es que no me regañaron, por el contrario me alentaron a cuidar al recién llegado, el desamparado venía de una casa en la que apenas había comida para la familia y los perros no eran parte de ella, su madre al estar tan desnutrida no daba la suficiente leche para toda la camada, por eso el cachorro llegó estreñido y encima de todo con pulgas y garrapatas. Para cuando terminamos de acicalarlo, el vínculo entre nosotros era ya muy fuerte, al grado de compartir mi bicicleta, Bethoven se acomodaba o yo lo acomodaba, ya no recuerdo si fue idea suya o mía, en el tubo superior. Ahí íbamos los dos por las calles del pueblo, si quería una paleta compraba dos, una para cada quien. Andaba libre y en cuanto escuchaba mi llamado llegaba corriendo a mi lado, si corría él aceleraba el paso y así se iba ajustando a la velocidad de mi caminar, era como una extensión de los ojos de mi padre, mi perro siempre me cuidaba, se convirtió en mi mejor amigo cuando ya nadie quiso jugar con la hija del doctor, porque así son los adultos, le meten ideas a los hijos y marginan a las niñas como yo, mi error era ser familiar del máximo opositor político del entonces alcalde. Mi vida ya estaba decidida y mi papá haría lo que fuera por no verme llorar.

lunes, 2 de diciembre de 2013

Magia


Mágica la vida, la música, el amor, la literatura, las mamás como la mía, los amigos que no se pierden, los perros que te mueven la colita cuando te ven, la noche en la que uno conoce, se asombra y grita.
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