Nací en los Estados Unidos Mexicanos un lunes 28 de febrero de 1983 aproximadamente a las 10 de la mañana, desde entonces el primer trazo del tatuaje "México" fue plasmado en mi corazón. Como muchos compatriatas no fronterizos, el primer lugar que visité fue el Instituto Mexicano de Seguro Social, viendo la cara de personal médico egresado de escuelas mexicanas; hasta ahorita lo mexicano lo exhalo por todos lados.
Mis primero años los viví en el estado de Zacatecas, desde la capital hasta llegar a dos pueblitos donde fungí como una niña nómada, los dos ranchos de mi imaginación, los cuales se encargan de aparecer en mis sueños de vez en vez, Apulco y Nochistlán, el primero ni siquiera aparecía en los mapas allá por 1993, el segundo tiene más renombre. Ahí viví de los 6 a los 12 años, antes de primero de primaria ni me acuerdo bien de mi paso por la vida, así que lo dejaré de lado. Fueron 6 años de estar en contacto con el México de mis amores, ese que vemos en la demagogia política y en películas como "La ley de Herodes", a mí no me vengan con cuentos, yo sé perfectamente a que huele el verde, blanco y rojo de mi bandera, he sentido las estrofas de mi himno nacional y probado la lucha por construir un mejor país. Estando en Zacatecas uno se siente cerquita del cielo, uno sabe qué es ser mexicano, sobre todo porque añoramos estar con los nuestros, muchos se van "al norte", hay quienes no regresan, a cambio sólo quedan sus recuerdos bien penetrados en la tierra que no cultivaron.
Tantas fotos que no tomé de mi México de la infancia, vívidas, en alta resolución, a color, listas para ser enmarcadas y expuestas en cualquier museo nacional para que todos vean la realidad de mi vida, de mi bello Estado de mi nación, esa que sin duda me ha dado todas las herramientas para seguir en pie de lucha como hace 200 años, ya no con armas de fuego, sino con educación.
Amo a México, ese que forjó mi infancia, el precedente de mi vida en la frontera, en el noroeste de su territorio, acá en esta trinchera, la cual ha servido de refugio en los últimos ya 15 años, esa que acogió a mi padre cuando más lo necesitábamos, cómo no querer a mi país, mi tierra, mi vida si ya es parte de mi historia.


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