domingo, 24 de abril de 2011

Números

   Cuando tenía 3 años fue cuando supe lo que eran los números, me ayudaba regularmente de la mano derecha para indicar cantidad, a esa edad uno no necesita mas que cinco dedos para describir el mundo. 2 papás, 2 abuelas, un hermano, 0 perros. En los parques buscaba tréboles de 4 hojas, durante la comida 1 cucharada de emulsión de Scott (estoy segura que no me la daban entonces, pero me la dieron, así que siento como si fuera tortura vitalicia), siempre fui mala para comer, ya cuando necesite ayuda de los dedos de los pies, los cardinales iban en aumento, ya había acostumbrado al cuerpo a engullir sin capricho.
   Una tarde sin nombre tomé mi bicicleta roja rumbo a esa calle del pueblo, no recuerdo sus dimensiones exactas, ni el letrero a la entrada. Tengo recuerdos de unas niñas con las que solía jugar a escondidas, estaba prohibido ir en bici hasta ese punto de Apulco. Comenzamos a entretenernos, la exempleada de la farmacia de papá preguntó algo referente a números, a contar, yo tenía 6, por supuesto sabía contar. Inicié... 1,2,3,4...77...126... entonces me percaté del concepto "infinito" el cual me pareció estúpido. Me enojé. Huí. Dormí con el ceño fruncido.
   En segundo grado no podía sumar ni restar, la riña con los naturales aquel día me había dejado resentida, prefería leer todos los cuentos existentes en el librero, incluía en la lectura el primer tomo de la "Enciclopedia de Carlitos", había palabras que no podía pronunciar, empero disfrutaba hallarles el modo. A la aritmética le pasé de ladito, el ábaco a la fecha no sé usarlo, sólo aprendí a lidiar con esas cosas porque mi ñoñez es más grande que mi enojo, yo ya entendía los números ordinales y el sonido de la madre Lala al emitir su voz para comentar a la clase el mejor promedio del grado si no era seguido por mi nombre, simplemente me daba asco. Pedí ayuda, nadie mejor que la abuelita Chelo para hacerlo entender a uno. Lo logré, mas el enfado seguía ahí.
   Hubo momentos de conciliación, realmente nuestra relación históricamente es destructiva. Ayer me puse contenta con los números, con su mejor adjetivo. Comencé a contar, hoy van 5, se lo he dicho, qué bueno que son infinitos.
   Se me antoja resolver un problema de cálculo integral, cambiarme el nombre a "10" y escribir en lenguaje binario. Hola números, me han conquistado.

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