![]() |
| Flor Cervantes sobre la felicidad |
¿Será que los que rara vez se golpean el dedo chiquito del pie con la cama, se divierten menos que los descuidados como yo?
Tengo cicatrices producto de caídas en la bicicleta, mis intentos de andar en patineta, abolladuras de los patines, marcas en los brazos, manos, piernas, pies, hasta callos tengo. Se me han caído las uñas de los pies más de cinco veces, pues cada que rebaso la barrera de los 15k, las malditas se ponen en huelga, cambian de color, se ponen llorosas, esperan que llegue la aguja esterilizada para por fin ceder.
A los ocho años me paré sobre un clavo, pensando que soportaría mi peso, atravesó mi zapato de lona blanca, mi hermano no ayudó a sacarlo, sólo dijo: ándele, por mensa. Yo misma lo saqué, fui con mi mamá y con el pie ensangrentado pedí ayuda, mami, mira. Vinieron los gritos, el espanto, mi papá con sus curaciones, nada grave, supongo que ya estaban acostumbrados.
Es difícil estar con alguien tan accidentado, es como tener al lado a un niñito que apenas descubre el mundo en el cuerpo del adulto, además uno berrinchudo y rebelde, porque por más que lo alecciones de los chascos de la vida, los peligros, los aléjate del fuego, de los vidrios rotos, del mar, del cerro, de la gente abusiva, no cede. Va. Se golpea. Cae. Vive feliz buscando arañas, cimas del mundo y aplaca fieras.


No hay comentarios:
Publicar un comentario